- Caso de arresto de dirigente insurgente Héctor Llaitul –
- Por qué la nueva constitución es la salida política al conflicto Mapuche-
Hay dos formas de entender los hechos que se suscitan en y con elementos y aspectos insurgentes: a) desde la política, b) desde la concepción militar.
En política bien se sabe que la vía de la violencia ha sido descrita, explicada y justificada desde el estratega prusiano Clausewitz, pasando por Lenin, Mao tse tung, el general vietnamita Giap y el Che Guevara, entre otros muchos. Y no solamente desde la izquierda o desde fuentes revolucionarias: también desde la academia, y en particular desde la academia militar en general. La guerra, como el uso de la violencia, es otra forma de hacer política cuando las vías de la democracia y de la política institucional o estado de gestión acordado se agota, o no existe, o ha sido derrocado por una fuerza determinada, o se impone una tiranía. Las guerras de liberación nacional se entienden cuando una nación constituida es asediada, ocupada y de algún modo esclavizada por otra nación.
Leemos e indagamos las posturas publicadas y agitadas por la insurgencia en territorio Mapuche. Se plantea una guerra revolucionaria de ‘liberación nacional’; se considera traición (yanaconas) a los mapuches que participan en política desde otras posturas y buscan soluciones al margen o en desacuerdo con la violencia armada. Lo más llamativo: no plantean una doctrina ‘indígena’ correlativa con su historia y cultura, sino que expresan una concepción marxista ortodoxa extraída de los sarcófagos de los años 60-70 del siglo pasado. Y esto marca un punto de inflexión: ante una postura y doctrina ‘indígena’ o ‘indigenista’ como existe en Ecuador, Perú, Colombia… el Estado puede negociar y acordar precisamente porque la diferencia y la diversidad no apunta a destronar al ‘sistema establecido’, sino que ofrece la posibilidad de democratizar el Estado con la integración de una pluralidad cultural, religiosa y política que enriquece a la democracia: como los procesos en Nueva Zelanda, Canadá, etc.
¿Es legítima la guerra o la violencia armada en democracia? No.
¿Autentifica el uso de las armas el carácter de ‘liberación nacional’ que se quiere dar a la guerrilla actual? En política se entiende por ‘Liberación Nacional’ la guerra o lucha por todos los medios cuando una nación constituida es ocupada o esclavizada por otra. Cuando un pueblo, etnia o minoría nacional se auto considera ‘nación’ no necesariamente se convierte en ‘nación’. El primer paso de las minorías, como los Vascos, Catalanes, Escoceses, Irlandeses, etc. fue fijar hitos políticos de Institucionalidad, mediante referéndum, gobiernos provisionales, parlamentos autónomos, zonas liberadas con gobiernos propios, etc. Y para lograr ese paso vital, no apuntaron a dividir, sino que buscaron unir a las diferentes corrientes en un proyecto de nación que les diera el sustento político. Aunque luego, lo demuestra la historia, hubo división y diferencias, al final toda corriente se rehace y se basa en aquel hito de unanimidad nacional.
¿Por qué la insurgencia en zona Mapuche rechaza la posibilidad del Logro Constitucional? Justamente la inclusión en la Constitución autentifica a la nación Mapuche y le da ese sustento político que le permitirá avanzar en forma gradual, pacífica y de mayor autonomía, sin rupturas con el sistema democrático, sino que integrándose a este, y por lo mismo, dando un impulso nuevo a una democracia que reclama saltos cuánticos para su prevalencia y renovación. Por lo mismo, no se comprende la razón política de los insurgentes. Y sí se entiende desde la idea de que no es plan de su rebelión el asentar aspectos políticos, sino que aprovechar la coyuntura tal como se encuentra hoy.
La integración de los pueblos originarios en la Convención Constituyente ha sido un paso político mucho más importante de lo que se entiende desde la cúpula santiaguina: porque vino a romper con la vía única de las armas y abrió una senda de institucionalidad participativa que apunta, por fin, a establecer medios políticos de administración propios en el marco de un Estado que se reconoce amplio, inclusivo y plurinacional. Que la nueva Constitución NO reconozca estos avances, o los merme y restrinja, o los haga retroceder: sería una necedad política y un error histórico. Y lo peor: dejaría a las fuerzas de la violencia armada el camino limpio para crecer y prevalecer.
Porque es justamente la política el único elemento que aislará a la insurgencia y cortará su suministro de simpatía y de apoyo. Y la salida política para que el pueblo mapuche tenga voz y peso constitucional está a un paso de ser realidad. Ojalá no se pierda esta gran oportunidad histórica.
La política, y en especial la visión de las izquierdas y del verdadero liberalismo progresista, debe considerar esta realidad: fuerzas y posturas indígenas apegadas a su tradición y urgencias, con necesidad de justicia e integración desde su particularidad, por el lado mayoritario; y por otro: fuerzas internas minoritarias sustentadas sobre la práctica y la línea de la guerra según cánones ideológicos injertados.
Desde la postura ‘antisistema’, y la evidente ‘desvalorización de la democracia burguesa’, y la imposición de una fuga profundamente anticapitalista y con bríos de un socialismo separatista: cualquier salida de reforzamiento de la identidad nacional en el contexto de la democracia…es altamente perjudicial para la insurgencia. Por lo mismo: esperan el fracaso de esta Constitución propuesta y de cualquier otra salida semejante o parecida que les afecte en su visión unilateral.
¿Por qué el arresto de Héctor Llaitul a días previos de la consulta constitucional?
Sabemos, y se nos enseña en la academia militar, y nos indica la historia política, y nos alerta la experiencia revolucionaria, que todo grupo insurgente ‘debe’ ser infiltrado por la Inteligencia del Estado al cual combate la insurgencia. O sea: un Estado que no se esmera por infiltrar a la insurgencia es deficiente, ciego e incapaz. Por lo mismo: las fuerzas Insurgentes ‘deben’ contar con estructuras de ‘contra inteligencia’ y medidas de compartimentación y seguridad que contrarreste los intentos de infiltración inevitable.
Las Inteligencia infiltra no para destrozar (no de inmediato) la orgánica del enemigo, sino para recoger información, para lograr instalar cuadros propios en puestos estratégicos, ojalá a nivel de dirección, y usar a esta orgánica insurgente para políticas propias y secretas diseñadas por altos mandos.
Queda en evidencia que la red de ‘topos’ ha logrado buen estado de influencia cuando ciertas operaciones militares escapan de la lógica política: por ejemplo, cuando en lugar de atacar ganglios estratégicos del enemigo se comprueban actos que rayan en el terrorismo y afectan a población inocente, incluso a posibles simpatizantes de su causa; cuando las acciones denota carencia o desprecio por una política de alianza, y se afecta incluso a la propia gente si no hay acuerdo con sus políticas y procedimientos. Y si revisamos las acciones de la insurgencia en la zona en conflicto, podemos verificar que: o estamos ante un radicalismo al estilo ‘sendero luminoso’, o las organizaciones responden a infiltraciones que derivan en actos de carácter terrorista al afectar a población no combatiente. Como sea: no es una guerrilla que denote una línea política coherente que bien pueda hacer distinguir al enemigo al cual combaten. Y eso puede deberse a ‘infantilismo político’ o a ‘radicalismo ortodoxo’ o a ‘infiltración con planes propios que direccionan desde adentro’.
Si el arresto, tan ‘extrañamente conveniente’, del dirigente Héctor Llaitul, es una operación de inteligencia debidamente planificada en su fin político, – y no para desbaratar a la insurgencia, sino para provocar ‘un hecho político’ en tiempos de plebiscito constitucional-: es, o no, un hecho independiente de la Inteligencia del Estado o de algún órgano de éste, o es una acción concertada con el mismo dirigente mapuche: no lo podemos saber, no al menos por ahora. Lo cierto es que al analizar las circunstancias ‘tan convenientes y casi concertadas’ de su encarcelamiento temporal, bien podemos dudar, y sospechar que podría haber aquí una acción política concertada para afectar y influenciar los resultados del plebiscito constitucional
¿A quién importa que la insurgencia se mantenga, actúe y no merme su presencia? No a la mayoría de los pueblos originarios que participaron en el proceso constituyente y eligieron a sus representantes. No a las comunidades que han acudido a los parlamentos a los que el Estado les ha convocado. No a las comunidades que se organizan para producir en términos actuales y asegurar un sustento sin cortapisas ideológicas. Sin duda conviene a quienes propician la salida militar del conflicto, la militarización acérrima, el aplastamiento por la fuerza y el sometimiento prolongado para usurpar de esas tierras mediante grandes conglomerados e intereses privados. Para ellos es fundamental que exista incertidumbre, violencia y guerrilla: porque eso permitirá dar el golpe final a toda aspiración, y justificar otra ‘pacificación de la Araucanía’ que garantice otros cien años de abuso, expoliación y vasallaje.
Debemos saber distinguir: no toda propuesta armada que se rehace a ideas ya consabidas de revoluciones pasadas o ideología asentada en su nomenclatura insurrecta…es de verdad ‘revolucionaria’. Ni el uso de armas y de formas de guerrilla son exclusivas de los revolucionarios, también lo son de grupos para militares, de la sedición fascista, del narco trafico y del crimen organizado. Nunca las armas ha sido el sello que define a un revolucionario. Y eso está demostrado incluso en la realidad que hoy todos podemos ver y verificar.
Además, para las miradas expertas: la estructura y forma de acción de esta insurgencia Mapuche asemeja más a una montonera, y eso nunca será manera alguna de ‘organización revolucionaria’.
La democracia no debiera perderse: debe abrirse al pueblo Mapuche y su plena integración desde su autonomía y su identidad, en el contexto de una democracia participativa, plural y moderna. Y es deber del gobierno democrático revisar con severa profundidad el accionar y organización de la Inteligencia que actúa por separado y sin control ni centralización, y darse, por fin, una Inteligencia única bajo control político y operativo de las Instituciones del Estado y del Gobierno bajo conceptos de democracia moderna y en progreso.
Por esto: permítanme dudar seriamente del carácter revolucionario y de la política de ‘liberación’ de los grupos insurgente en la Araucanía. Y mucho huele a ‘red de topos’ actuando desde el desorden armado. Es una duda más que razonable… al menos, ‘hasta prueba contraria’.
